Winona, para siempre

A principios de los años 90 Julia Roberts era la novia de América, pero Winona Ryder ganaba por goleada en las carpetas de los chicos raros del instituto, forradas con recortes de Nirvana o Pearl Jam. Personificaba a ese tipo de chica que parecía invisible para el cine comercial. Frágil y sarcástica, nerd y atractiva. Se enamoraron de su sonrisa pero también de su cerebro en la extraña Heathers: escuela de jóvenes asesinos donde compartió protagonismo con Shannen Doherty (Brenda en Sensación de Vivir) porque esos adolescentes estaban obsesionados con encontrar lo auténtico. Y esa chica corriente de pelo corto y estratégicamente despeinado lo era desde su aparición en Gran bola de fuego. Hasta la mismísima Courtney Love tenía miedo de que Kurt Cobain la dejase tirada por irse con la joven actriz de Minnesota. Eso nunca pasó (que sepamos) y esa Winona pasó de ser fan del grunge quiso ganarse el respeto de la crítica participando en numerosas adaptaciones de clásicos literarios, desde Mujercitas a La edad de la inocencia pasando por el Drácula de Francis Ford Coppola. Ningún director supo entenderla mejor que Tim Burton.

Al final de Eduardo Manostijeras, Winona bailaba bajo la nieve con los brazos abiertos, imitando a la muñeca de una caja de música. Años después, de nuevo a las órdenes de Tim Burton, repetiría como muñeca de cera en el videoclip de ‘Here with me’ de The Killers.

Llegó el año 2000 y tuvo un efecto demoledor en su carrera. Esa fragilidad que encandiló a la Generación X (que ahora le daba la espalda) se había apoderado de ella. Winona sufría depresiones y trastornos mentales, igual que su personaje en Inocencia Interrumpida. Una película que ella misma produjo y que estaba destinada a ser su comeback, pero que terminó convirtiéndose en un vehículo de lucimiento de Angelina Jolie. Al menos, durante los cuatro minutos que aparece cantando ‘Downtown’, volvió a ganarse muchos corazones olvidados.

La mezcla de antidepresivos y ansiolíticos hicieron de la actriz una persona dispersa y distraída. Tanto que una vez que se olvidó de pasar por caja en una tienda, en una época marcada por la telerrealidad y los incipientes chascarrillos de Internet, acaparó más atención por ese suceso que por sus últimas películas. Alguna se quedó en el limbo, como Melinda y Melinda, que iba a ser su reencuentro con Woody Allen tras Celebrity. Después de lo que ocurrió en esa tienda, la productora desaconsejó su contratación.

Encajado (y aparentemente superado) el golpe, protagonizaría Experimenter, biopic del psicólogo Stanley Milgron, y se convertiría en la madre del doctor Spock en la nueva versión de Star Trek. En 2010 interpretó a una bailarina superada por la fama en Cisne Negro, tratando de advertir a Natalie Portman que a toda musa le llega su ocaso.

Actualmente Winona Ryder da vida a Joyce en la tercera temporada de Stranger Things. Una madre soltera, insegura y con necesidades económicas que años atrás fue la chica más deseada del instituto. Tres décadas después, aquellos que deseaban bailar con ella en la fiesta de fin de curso aún siguen sintiendo la necesidad de protegerla. Porque, como rezaba el tatuaje de Johnny Depp, Winona es para siempre.

℗ Ponytail Records, Netflix 2019.

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Hola. Me llamo Leon Kompowsky y seguramente me recordaréis por mi aparición en uno de los capítulos más memorables de Los Simpson, ‘Mi papá está loco’, pero no estamos aquí para hablar de mí. O tal vez sí. Escribo sobre cine, música, cómics y lo que surja para hacerte los trayectos más entretenidos. Disfruta del viaje.

One comment

  • Creepozoid dice:

    Excelente repaso a la vida y los highlights de esa eterna adolescente que todos los componentes de la generación X -hasta los más tardíos- llevamos en nuestros corazones, también pretendidamente adolescentes. Winona tenía todo eso, y era la chica rara -y accesible, un poco como Ally Sheedy en The Breakfast Club- que siempre estuvimos buscando durante los años de instituto… incluso de universidad. Aún tenemos esperanza en que el bueno de Hopper culmine la misión de todos los que bordeamos en un lado y otro la cuarentena siempre anhelamos: conquistar el corazón de “la novia teenager de América”.
    Genial artículo.

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