Street Fighter: 25 años después de sentir el golpe

Año 1994. Miles de chavales volvían a su casa con la ropa oliendo a humo después de haber pasado horas en bares o salones recreativos delante de una máquina en la que los personajes parecían dibujos animados. Algunos afortunados podrían jugar sin salir de su habitación, en las recordadas Mega Drive o Super Nintendo, viendo como su número de amigos aumentaba progresivamente. En los patios de los colegios siempre había algún rincón con chavales que no jugaban al fútbol y preferían imitar, con cierta torpeza, movimientos de artes marciales mientras pronunciaban palabras en japonés sin saber su significado. Todos ellos esperaban como agua de mayo la película Street Fighter: La última batalla desde que en las páginas de la revista Hobby Consolas anunciaron el proyecto. Ese estreno llegó y el resultado no fue el esperado. A la salida del cine veías caras largas. Decepción. La misma sensación que arrastraban desde semanas atrás, cuando España perdió contra Italia en los cuartos de final del Mundial de Estados Unidos.

Han pasado 25 años y esa frustración adolescente ha tornado en diversión adulta. Un placer culpable que continúa teniendo presencia en televisión o vendiendo copias en formato doméstico, generando para la desarrolladora de videojuegos Capcom casi medio millón de euros anuales. En El Autoestopista analizamos este fenómeno generacional en el noble arte de repartir mamporros.

Contigo empezó todo.

En agosto de 1987 Street Fighter hace su aparición en los salones recreativos japoneses. Surgió como alternativa directa al juego de lucha con más éxito del momento, Double Dragon, aportando la novedad del formato One vs One y los seis botones para realizar movimientos especiales.  Todos los combates se hacían en un tiempo limitado, al mejor de dos rounds con opción a un tercero para desempatar. Sólo podíamos escoger a Ryu y Ken para enfrentarnos a 10 rivales de los cuales los tailandeses Adon y Sagat han permanecido a lo largo de la saga. Otro de los aspectos destacables de esta primera entrega fue la incorporación de fases de bonus, en las cuales nuestro personaje debía romper una fila de ladrillos. En otoño se creó una conversión de aquella máquina recreativa para la NEC Turbograph bajo el nombre de Fighting Street.

Durante los cuatro años siguientes Capcom desarrolló una versión apócrifa de la franquicia llamada Street Fighter 2010 para la N.E.S. de 8 bits. Su parecido a Strider o Contra era más que evidente y, aunque estaba prevista una secuela, se decidió abandonar las aventuras futuristas y volver al formato de peleas callejeras con una secuela directa que revolucionó para siempre la historia de los videojuegos.

En marzo de 1991 aparece la recreativa Street Fighter II  y, con ella, llegó la revolución. Ocho personajes seleccionables, cuatro jefes finales, movimientos rápidos y espectaculares, sencilla jugabilidad, tres fases de bonus, unos elaborados escenarios, una memorable banda sonora y los innovadores ‘pajaritos’ cuando un luchador está aturdido. Imposible sacar más rendimiento a sus 16 megas y en todos los salones recreativos había colas alrededor de ese mueble con seis botones. Ese mismo año se lanzaría en Japón su versión doméstica para Super Nintendo, convirtiéndose en el fichaje estrella para la consola de 16 bits.

Desde su presentación en el show IMA de Frankfurt, los responsables de Capcom sabían que tenían entre manos un diamante en bruto y lo exprimieron al máximo… libros con la biografía d de los personajes, discos con la música original, una adaptación al cómic de la mano de Masaomi Kanzaki (autor de Xenon: Heavy Metal Warriors) y dos nuevas versiones: Street Fighter II Turbo (más acelerada y con nuevos movimientos) y Street Fighter II Champion Edition (con la posibilidad de seleccionar a los cuatro jefes finales Balrog, Vega, Sagat y Bison). Sega no quiso quedarse descolgada en su dura carrera contra Nintendo y logró adaptar de manera meritoria esta aclamada máquina recreativa a los 16 bits de su Mega Drive.

Tauromaquia + Ninjutsu = Vega

A finales de 1993 todos los aficionaos de los videojuegos estaban esperando una secuela directa, un Street Fighter III, pero en su lugar llegó una versión más del juego más versionado de la historia: Super Street Fighter II, the new challengers. A los 12 personajes originales se suman la agente especial británica Cammy, el kickboxer jamaicano Dee Jay, el indio mexicano T. Hawk y el hongkonés Fey Long, un evidente homenaje a Bruce Lee. Los diseños fueron redibujados, se aumentó el catálogo de golpes y se mejoró el sonido con la incorporación del sistema Q Sound para dotar de una mayor calidad a las músicas y voces digitalizadas.

The new challengers: Venceréis, pero no convenceréis.

Fue la antesala de un año clave que desde la empresa la empresa japonesa Capcom querían culminar con doble lanzamiento cinematográfico. En agosto de 1994 se estrena una versión animada dirigida por Guisaburo Sugii y a finales de ese mismo año ve la luz la película una película de imagen real con un presupuesto superior a los 35 millones de euros.

Y, de fondo, sonando Korn.

Mientras que el anime fue bien recibido por los seguidores de la saga por su fidelidad al videojuego original, la película dirigida por Steven E. De Souza (director de Commando y guionista de La jungla de cristal) cosechó unas críticas nefastas. Curiosamente, 25 años después, está considerada de culto por una legión de seguidores que destacan su descaro y humor involuntario por encima de sus calidades artísticas.

Van Damme da su primera patada en el minuto 90. Premio al Fair Play.

Las condiciones de Capcom para financiar el proyecto obligaron a incluir con calzador a todos los personajes en una trama irreverente perpetrada por un guión que se fue improvisando sobre la marcha debido a numerosos imponderables. Un Jean Claude Van Damme incapaz de recordar sus líneas de diálogo por culpa de sus adicciones, un tono infantiloide para cumplir con la calificación por edades y distribuir su propia línea de juguetes, un Raul Julia al borde la muerte que obligó a modificar todo el plan rodaje y unas escenas que lucha que todos los seguidores esperaban pero aparecen a cuentagotas. La consecuencia fue una secuela que iba a contar con Dolph Lundgren y que nunca llegó. Universal Pictures renunció a unos derechos que en 2009 llegaron a Fox, intentando reactivar la saga con Street Fighter: La leyenda de Chun Li. Dicha película fue un fracaso aún mayor, contando con un presupuesto de 18 millones y recaudando en taquilla únicamente 12.

Éste es el nivel, amigos.

© Capcom, Universal Pictures, Fox, Toei Company.

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Hola. Me llamo Leon Kompowsky y seguramente me recordaréis por mi aparición en uno de los capítulos más memorables de Los Simpson, ‘Mi papá está loco’, pero no estamos aquí para hablar de mí. O tal vez sí. Escribo sobre cine, música, cómics y lo que surja para hacerte los trayectos más entretenidos. Disfruta del viaje.

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