Rufus T Firefly, un rayo que no cesa

Cuando desapareció Nirvana, Dave Grohl grabó un disco en una semana con todos los temas compuestos e interpretados por él. Decidió mandarlo a diferentes discográficas pero no quería que lo vinculasen a sus anteriores bandas, quería ser anónimo y pasar desapercibido. Así que junto a aquellas grabaciones añadió una pegatina con el nombre Foo Fighters, un término usado en la Segunda Guerra Mundial para referirse a los objetos voladores no identificados. “Pensaba que no iba a durar más de un mes y medio, si llegó a saber que tendríamos tanto éxito años después habría puesto otro nombre al grupo”.

Fotografía: Iván Martínez / Maite Moreno

No sabemos si pensarán lo mismo Julia Martín Maestro y Víctor Cabezuelo recordando lo que sucedió a principios de 2006 en Aranjuez, cuando cuatro amigos se juntaron por primera vez y tomaron el nombre del personaje encarnado por Groucho Marx en la película ‘Sopa de ganso’: Rufus T Firefly.

Rufus T Firefly: The early years

No era el nombre más comercial posible, pero con él llegaron a la final del Global Battle of the Bands, el mismo certamen que un año antes nos descubrió a Second. Al igual que esa banda murciana, en sus inicios Rufus T Firefly cantaban en inglés. Así nació su maqueta ‘Invisible’ y, en 2008, su debut en largo ‘My synthetic heart’, un álbum autoproducido compuesto con 11 temas que combinaban delicadeza y contundencia, recordándonos a Radiohead, Nada Surf, Sexy Sadie o sus paisanos Apnea.

Pasaron meses sin hacer demasiado ruido y, como ha ocurrido con numerosas bandas no exentas de talento, todo indicaba a que su aventura había acabado antes de tiempo. Myspace estaba agonizando y los artistas emergentes empezaban a mostrar sus canciones en Spotify o anunciar sus conciertos en Facebook. La Plaza del Trigo del Sonorama se llenaba para ver a grupos de aquí. Vetusta Morla habían demostrado que la libertad es el camino. Esos inquietos jóvenes de Aranjuez no podían tirar la toalla cuando aún tenían tanto que ofrecer. No había llegado el momento de apagarse por culpa de la obsolescencia programada.

En 2011 reaparecen con su primer EP en castellano llamado ‘La historia secreta de nuestra obsolescencia programada’. Título demasiado largo para la inmediatez de las radiofórmulas, aunque por el contenido de sus letras estaba claro que ese no era su lugar. Quienes sí encontraron su sitio fueron Dany Richter (grabación) y Manuel Cabezalí (producción), las dos aristas que faltaban para completar ese triángulo piramidal de cimientos cada vez más sólidos. Ese mismo equipo repetiría tan sólo un año más tarde con su segundo LP, esta vez con un título bastante más corto: Ø

La evolución de su sonido era evidente. Canciones como ‘Incendiosuicida’ nos podían evocar a The Smashing Pumpkins u otras bandas de los años 90, pero en conjunto la melancolía ganaba a la rabia. Una fragilidad que estaba en las antípodas de los himnos indies del momento y se abrazaba a los ambientes nórdicos que descubrimos gracias a Sigur Ros. El ropaje adecuado para revestir unas letras que derrochaban cinefilia. ‘El séptimo continente’ toma su nombre de una dura película del director austriaco Michael Haneke sobre el infierno cotidiano de las clases adineradas y donde, al igual que en vídeoclip realizado por Sergio Gómez, los coches juegan un papel determinante.

En 2013 necesitaban subir a por aire y publicaron un EP de rarezas grabado y mezclado íntegramente en su local de ensayo. Pese a llamarse ‘Grunge’ tiene más de Pink Floyd que de Nirvana. Empiezan a dejarse seducir por la psicodelia y a marcar el camino de lo que estaba por llegar. Los sintetizadores se abrían paso entre los guitarras y, aunque fue ignorado por la mayoría de los medios especializados, en palabras del propio grupo fue el verdadero punto de inflexión en su larga carrera de fondo.

Ese reconocimiento llegaría en 2014 con su álbum ‘Nueve’, espoleados por un público que llenó la sala Caracol en su presentación y repitió meses después con otro sold out en la sala But. Entre medias Rufus T Firefly acompañaron a Vetusta Morla en varias fechas de su gira ‘La deriva’ y temas como ‘Canción infinita’ eran cada vez más compartidos en las redes sociales.

Víctor Cabezuelo había sido un secundario de lujo con Zahara y Mucho. Julia también había demostrado su maestría a las baquetas con Penny Necklace o Yay. Eran músicos que aprendían de otros músicos. Se retroalimentaban y no lo ocultaban. Todo lo contrario, lo mostraban con orgullo en sus letras, lamentando el adiós de Standstill en ‘Metropolis’.

Finalizada la gira de ‘Nueve’ llegó el momento de reflexionar. Ese grupo de amigos de Aranjuez debía redefinir su hoja de ruta con las dificultades que conlleva en España compaginar la música con los trabajos diarios. Los abandonos y cambios de formación siempre son algo traumático, pero Víctor y Julia prefirieron buscar el lado positivo. Igual que el bosque que renace tras un incendio. Así nació ‘Tsukamori’, guiño a la tierna película de animación japonesa ‘Mi vecino Totoro’ que abriría su siguiente (y esperado) disco ‘Magnolia’.

El quinto álbum de Rufus T Firefly supone la apuesta definitiva por la psicodelia, la experimentación y el rock de aroma setentero. Bandas foráneas como Tame Impala, The Flaming Lips o King Wizard and the Lizard Gizzard ya habían reactualizado esas influencias; aunque la propuesta de los ribereños tenía su propia identidad y buena culpa estaba en sus letras, entendidas en conjunto como un alegato al amor y la naturaleza. También hay algún pasaje de temática social como ‘Cisne negro’ que, de manera críptica, condena el maltrato.

‘Magnolia’ contiene una de las canciones más aclamadas en sus conciertos: ‘Nebulosa Jade’. Una declaración de amor repleta de metáforas con referencias a Bowie, Thom Yorke o Juego de Tronos. También a George Harrison que, a juzgar por la melodía del tema, es el beatle que más le ha influenciado.

En su letra también aparece John Bonham, batería de Led Zeppelin. Que la pegada de Julia Martín Maestro en el tema ‘Rio Wolf’ nos recuerde al desaparecido músico británico no es casual. La letra de la canción habla de la muerte del siempre recordado Jeff Buckley, ahogado en las aguas del río Wolf, mientras cantaba ‘Whole lotta love’.

En junio de 2018 ‘Magnolia’ tuvo su continuación ‘Loto’, formando un díptico que les ha permitido enlazan giras y no bajarse del escenario hasta hoy en La Riviera. Un disco en el que han dado rienda suelta a toda su creatividad y se han atrevido a transformar pasando por múltiples filtros, incluyendo samplers de la serie Stranger Things en ‘Demogorgon’ o de la intro del vídeojuego Final Fantasy en la canción del mismo nombre.

Dentro de ese ejercicio de libertad plena y constante experimentación hay cosas que permanecen, como las referencias a grupos nacionales con sonrisas para Cala Vento o lágrimas por Gata Cattana. Otras que sorprenden, como las letras claras y directas huyendo del simbolismo. Y alguna que regresa, como los títulos largos. Si hay una canción que es capaz de aglutinar todas estas premisas, sin duda, es ‘Un breve e insignificante momento en la breve e insignificante historia de la humanidad’.

Su concierto en La Riviera supone un principio y un final. Atrás quedan kilómetros de derrota hasta saber cuál será su próximo movimiento. Lo que sí sabemos es que Groucho Marx estaría orgulloso del camino recorrido por estos músicos de Aranjuez y les daría la llave de ese país imaginario llamado Libertonia.

© Origami Records, Lago Naranja Records. Foto de portada: Iris Banegas.

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Hola. Me llamo Leon Kompowsky y seguramente me recordaréis por mi aparición en uno de los capítulos más memorables de Los Simpson, ‘Mi papá está loco’, pero no estamos aquí para hablar de mí. O tal vez sí. Escribo sobre cine, música, cómics y lo que surja para hacerte los trayectos más entretenidos. Disfruta del viaje.

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