Rosendo, 65 años del incorruptible brazo del rock urbano

El 23 de febrero siempre será una fecha recordada por el intento fallido de golpe de Estado perpetrado en 1981 pero, esa misma fecha, en 1954  tuvo lugar un verdadero golpe que, afortunadamente para el rock estatal, si llegó hasta sus últimas consecuencias: llegó al mundo Rosendo Mercado.

Afincado en el madrileño barrio de Carabanchel, sería imposible explicar la evolución del rock en nuestro idioma durante las últimas cuatro décadas sin mencionar su nombre en más de una ocasión. Desde sus inicios en Ñu como escudero del quijotesco José Carlos Molina hasta su último ‘De escalde y trinchera’ (16º disco de su carrera en solitario) sin olvidarnos de los seminales Leño, ese trío que con sólo cuatro discos rompió todas las reglas establecidas a golpe de canciones breves e inmediatas. La crudeza de las calles se impuso a los anodinos pasajes instrumentales y, sin buscarlo,  Rosendo Mercado, Ramiro Penas y Chiqui Mariscal crearon el Rock Urbano.

Cuesta recordar un himno generacional antes de Rosendo aunque, a su manera, también los hubo. ‘La escoba’ de Los Sirex es lo más aproximado, incluso ‘Es la edad’ de Los Salvajes o ‘Mi Calle’ de Lone Star, posiblemente la primera muestra rock netamente urbano en 1968. Tres bandas nacidas en esa Barcelona maniatada que se desmarcaron del sonido afrancesado de Lluís Llach para protestar con menos fuerza poética pero la misma belleza instrumental.

En Madrid hubo que esperar hasta 1977, sin Franco y con la eclosión del punk anglosajón, para que de la mano del sello Chapa Discos entrasen al estudio esos grupos que llevaban años tocando en locales de Carabanchel, Vallecas, La Elipa o Alameda de Osuna; pero que aún no habían tenido la oportunidad de grabar su obra. El músculo de Asfalto, Coz, Topo, Cucharada, Burning o Leño pudo sostener con firmeza ese puente sonoro que traza el cambio de década. Eran chicos de barrio que hacían las cosas sin grandes pretensiones, simplemente porque no había otra opción, pero con esa actitud macarra lograron que los años 80 no provocasen arritmias por exceso de sintetizadores en esas calles de un Madrid que despertaba con legañas en los ojos a la democracia.

En 1985 Rosendo comenzó a cabalgar solo con ‘Loco por incordiar’, título que es toda una declaración de intenciones, al que seguirían ‘Fuera de lugar’ y ‘Jugar al gua’. Letras repletas de juegos de palabras y expresiones populares, escritas en ocasiones con más voluntad que medios sobre renglones torcidos, como ocurrió en 1994 con ‘Para mal o para bien’, una valiosa colección de canciones a redescubrir por un público desmemoriado que entonces jaleaba en exceso las propuestas foráneas y únicamente se fijaba en el movimiento indie como garante de modernidad. A finales de esa década grabó su segundo disco en directo desde la extinta cárcel de Carabanchel, en su barrio, él mismo que le había servido de inspiración en tantos versos escritos desde las entrañas de la vida.

Llegaron los 2000 con sus dos únicos álbumes de estudio que alcanzaron el disco de oro: ‘Canciones para normales y mero dementes’ y el reivindicativo ‘Veo,veo… mamomeno!!’. La salud de Rosendo no se mide en cifras, dada la endeblez de la industria, sino en longevidad. Rara es la persona que no tenía grabadas sus canciones en un cassette con los títulos escritos a bolígrafo, por eso la llegada de Internet no tumbó a un púgil que ya estaba acostumbrado a pelear. Su manera de vivir siempre ha sido dando conciertos, es de esos músicos que no entienden su vida lejos del escenario y prefieren que les pirateen a que nadie conozca sus canciones.

Hoy cumple 65 años, edad de jubilación. No sabemos si ahora le cuesta más llegar al estribillo o siente vergüenza torera por una sociedad que ha perdido el interés en los artistas, pero si Rosendo dice ‘Mi tiempo, señorías’ sólo nos queda respetar su decisión y prometer estar agradecidos. Ese chico desgarbado de larga melena que admiraba a Rory Gallagher no ha querido permanecer pétreo como una estatua y, a tientas y barrancas, ha seguido aguantando el tipo ante el paso efímero de las modas . Porque si miramos bajo la corteza daremos con algo más que un músico admirado y respetado por sus compañeros de profesión, nos encontraremos ante un fenómeno de genuina y castiza raíz cultural.

Foto: Bernardo Pérez

Canciones: Warner, Dro y WMG (en nombre de WM Spain).

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Hola. Me llamo Leon Kompowsky y seguramente me recordaréis por mi aparición en uno de los capítulos más memorables de Los Simpson, ‘Mi papá está loco’, pero no estamos aquí para hablar de mí. O tal vez sí. Escribo sobre cine, música, cómics y lo que surja para hacerte los trayectos más entretenidos. Disfruta del viaje.

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