PINK FLOYD THE EXHIBITION: CONFORTABLEMENTE ADORMECIDOS.

UNA GRAN EXPOSICIÓN SOBRE PINK FLOYD, UNO DE LOS MÁS GRANDES GRUPOS DE ROCK DE LA HISTORIA, ABRE SUS PUERTAS ESTE FIN DE SEMANA EN MADRID. OLVÍDATE DE JOY DIVISION, DE QUEEN Y DE LOS PUTOS RAMONES: ESTA TEMPORADA SE LLEVAN LAS CAMISETAS DE PINK FLOYD.

 

Pink Floyd 1967: El sueño psicodélico de Roger Waters, Nick Mason, Rick Wright y Syd Barrett.

 

 

 

PINK FLOYD THE EXHIBITION. THEIR MORTAL REMAINS.

Feria de Madrid.

(Metro ídem).

Hasta el 15 de septiembre de 2019.

15€ – 20€.

 

Todas las fotografías © Refrescospepito 2019.

 

 

Pink Floyd 1969, en medio de su particular travesía del desierto: David Gilmour, Roger Waters, Nick Mason, Richard Wright.

 

 

Las fans y las neófitas se encontrarán como en casa en esta excepcional PINK FLOYD THE EXHIBITION. Una expo realmente para quedarse a vivir. Haciendo un recorrido por toda la historia de la banda, la exposición nos enseña una gran cantidad de discos, libros, carteles, afiches, instrumentos, fotografías, vídeos, merchandising, muñecos, dibujos, letras de puño y letra, parafernalia varia y una serie de fantásticos montajes y, aparte, con una gran cantidad de texto y documentación que te va a dejar noqueada, nena.

 

La vitrina dedicada a THE PIPER AT THE GATES OF DAWN (1967), el primer álbum de Pink Floyd.

Tras la magnífica entrada, con ya algunos iconos de la banda colgando por ahí, una audio-guía gratis te va guiando por los diferentes estadios de la historia del grupo. Empezando por sus inicios, en 1966, cuando la banda la formaban cuatro mozalbetes de buena familia de Cambridge  y Londres, Inglaterra, que, aburridos de sus clases en la escuela de arquitectura, deciden formar una banda de Rock para beber gratis y ligarse a unas cuantas chicas. Ese cuarteto de chavales eran Syd Barrett (voz solista, guitarra y compositor principal), Roger Waters (bajo y voces), Rick Wright(teclados y voces) y Nick Mason (batería).

Los primeros Floyd haciendo un poco el “ganso”, que no todo va a ser desayunos psicodélicos…

Sus primeros conciertos en el UFO londinense nos muestra a una banda loca por la experimentación, los sonidos extraños y las letras oníricas. Sus actuaciones estaban llenas de hallazgos escénicos y lumínicos y los cuatro se vestían a la manera chirriante de la calle Carnaby, el centro mundial de la moda para dandis en ese momento. Pink Floyd estaban sumidos en la locura psicodélica que imperaba en Inglaterra a mitad de los 60.

Su álbum de debut, THE PIPER AT THE GATES OF DAWN (1967), recogía parte de la energía y la experimentación de sus directos, más una convicción pop necesaria para vender discos. El L.P. fue un éxito y Pink Floyd la “next big thing” de la época pero… a nuestro querido Syd Barrett pronto se le fue la olla. Demasiado L.S.D. (Latigazos Sin Descanso) sumieron al bello Syd en los mundos de Yupi, de donde nunca más salió.

Syd, Syd, ¿por qué nos has abandonado?

Pronto, la banda se cansó de Syd y lo dejó tirado a la primera ocasión. El reemplazo, a la voz y a la guitarra, fue David Gilmour, un viejo amigo del grupo, que tomaría las riendas en 1968 (tras un periodo de coexistir la banda con cinco miembros). A pesar de haberse librado del lastre de Barrett, Pink Floyd entrarían, sin la guía y las composiciones de su psicodélico señor, en una travesía del desierto que duraría cinco años y en donde llenarían su historia de discos irregulares, experimentaciones kafkianas, música para películas y muchísimos conciertos. Hasta que, ¡oh prodigio!, llegaría 1973  y todo lo aprendido se transformaría en THE DARK SIDE OF THE MOON, uno de los cinco discos imprescindibles de la historia (e histeria) del R-O-C-K sin etiquetas.

Y, a partir de ahí, ya todo fue silbar: discos millonarios, conciertos mastodónticos, y una banda cada vez más endiosada con una fama creciente e irresistible, unos Pink Floyd que cada vez tardaban más en publicar un álbum y todavía empleaban más tiempo en hacer una gira. A pesar de su inmensa popularidad, y estar podridos de dinero, su música se hizo más compleja, con ritmos ralentizados y unas letras que ahondaban en la frustración de la vida moderna y la soledad del ser humano. A finales de los 70, poseer un disco de Pink Floyd te convertía en una tipo culto, enrollado; el más chulo del instituto, de la universidad, del trabajo, de tu grupo de amigos. Eres alguien importante que ya no tenía aquel ridículo tocadiscos-maletín de tu madre, sino un auténtico equipo estéreo digno de reproducir tan complejas obras de arte.

Algie, el simpático cerdito protagonista de uno de los discos más discutidos de Pink Floyd: ANIMALS, también presente en esta exposición.

1979 vería la cima de Pink Floyd, con el trabajo cumbre de su endiosamiento como banda (y de la locura de su entonces líder, el bajista Roger Waters): el doble álbum THE WALL (1979), un L.P. que contiene su, quizás, canción más famosa: Another brick in The Wall. Un disco que es un mal viaje de principio a fin y que es imposible escuchar sin un nudo en la garganta y otro en los huevos (o en donde sea). La exitosísima película subsecuente, dirigida por Alan Parker en 1982 y protagonizada por el cantante Bob Geldof, no hacía sino mostrar, en horrorosas imágenes, la pesadilla de la estrella de Rock Pink, su aislamiento y soledad, rodeado de drogas y sexo casual, y su definitivo descenso a los infiernos de la depresión.

La pesadilla malsana de The Wall siempre ha dado miedito, y la expo no te ahorra ese sufrimiento.

Un disco tan aburrido como THE FINAL CUT (1983), supondría la definitiva rotura del cuarteto (aunque a Wright, el teclista, ya le habían dado la patada unos años antes), y Pink Floyd se disolvería como tal, con la marcha del arrogante Waters.  Aunque resurgiría al final de los 80, con tan solo el guitarrista Dave Gilmour y el batería Nick Mason (más tarde incorporarían al maltrecho teclista Rick Wright). A partir de entonces sacarían discos interesantes, pero muy alejados de su etapa gloriosa de los años 70.

La impresionante doble cara de la gira del álbum THE DIVISION BELL, quizás su mejor L.P. posterior a los años 70.

Y en 2005 se obró el milagro: Mason, Wright, Gilmour y Waters pudieron salvar sus diferencias y tocaron en el concierto LIVE 8, promovido por un viejo amigo, Bob Geldof, el protagonista de la película THE WALL, y actuaron, en “honor” de multitudes, juntos por última vez. Y precisamente con un gran vídeo multicanal de esa actuación, donde la banda toca Comfortably Numb, a la que sigue el primer vídeo de la banda, Arnold Layne, termina esta exposición.

El genio visionario Syd Barrett moriría, olvidado de todos, justo un año después, en 2006, y a los pocos años, 2008, le seguiría el teclista Rick Wright.

La actualidad de Pink Floyd es la de tres viejos millonarios que no piensan juntarse para añadir más carnaza a su complicada historia, con lo que una posible reunión, más que en el aire, está en la estratosfera.

Y esto es todo amigas.

Al final no es sino un vulgar historia de un grupo de Rock And Roll.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El hetero rockero que no puede faltar en ninguna web gafapasta.

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