PET SEMATARY

La verdad, mis recuerdos se pierden entre tantas noches de alcohol, y de muchas otras cosas, para qué nos vamos a engañar. Pero hubo una vez, hace más de la mitad de mi vida, en la que mi amigo Santi (a quien el matrimonio le tenga en su gloria) y yo llegamos a un garito, de esos de hace veinticinco años, donde ponían todos los chupitos imaginables, e incluso algo más. Aquella noche nos dio por el mezcal, para usted a saber por qué. Aguerridos, como jóvenes que éramos, nos bajamos dos botellas, con su gusano y todo. Eso sí, de medio litro.

Había jovencitas mollares, pero no era esa noche. Nos contamos toda nuestra vida, los sueños a los que nunca llegaremos y demás tonterías. Nos reímos mucho, y seguimos bebiendo. En un momento determinado fui al servicio, y acabé pegándome de hostias con la taza del wáter, sólo porque me miró mal. Santi tuvo que sacarme de aquí antes de que me sacaran los porteros.

Seguro que no sonaban los Ramones, pero deberían. Esta canción lo resume todo en una puta frase: “No quiero que me entierren en un cementerio de animales. No quiero vivir mi vida otra vez. “

Ahora, ved la película de este año. Sin mezcal del bueno. Seguro que le gusta hasta a vuestros hijos.

 

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