Oh Balance, Balance

Es habitual en estas fechas hacer listas de lo mejor y/o peor del año que termina, también es una forma de matar el tiempo en esos días tontos que van desde Nochebuena Nochevieja. Así que el otro día hice lo que habitualmente hago en estos casos, ir a una página donde se detallan todos los estrenos de este año ordenados por meses, de dicha lista extraje once títulos, pero no los once que más me habían gustado sino los once que había visto, está claro que entre los propósitos de año nuevo debe incluirse “Ir más al cine”. Afortunadamente al menos esos once títulos me gustaron y dado que es una lista de diez película he decidido dejar fuera “It 2” que aunque no me disgustó me resultó bastante inferior a la primera parte. Vamos con el resto, el orden se hace también por fecha de estreno.

La película que Lars Von Trier estrenó este año venía precedida de una sonada presentación en Cannes donde según las crónicas había provocado incluso desmayos. Lo primero que habría que decir es que el filme abunda en escenas escabrosas desde luego pero no hay nada que un cineísta veterano no pueda ver sin problemas, incluso dentro de la filmografía de Trier hay escenas mucha peores como algunas de las que se veían en “Anticristo”. Al margen de esto comentar que la cinta se asemeja a una actualización de los postulados de “Nymphomaniac” trocando el sexo por el asesinato, esto se traduce en un formato de flashbacks (allí ordenados cronológicamente, aquí dispersos), una serie de estimulantes aunque también desconcertantes insertos culturales -que pueden ir desde el comentario sobre la estructura de un bombardero Ju 87 hasta interludios musicales a cargo de Glenn Gould interpretando a Bach-  y una estructura narrativa en forma de conversación por más que el interlocutor del protagonista en este caso sea una figura sorprendente, tanto por el personaje ficticio como por el actor que lo interpreta. Puede que al final la cosa se salga algo de madre pero ver una película de Trier sigue siendo hoy en día (y desde hace ya más de 25 años) una de las cosas más interesantes que se puede hacer durante la temporada.

“Sam acude a casa de su ex novia para recoger sus cosas, pero ésta se encuentra en mitad de una fiesta. Sam se queda dormido en un sofá de la habitación en la que están sus cajas. A la mañana siguiente el mundo que había conocido ya no existe”. Difícil resistirse a una sinopsis como esta ¿verdad?, tras ella lo que hay es una revisión de la inmortal “Soy leyenda” aunque en un sentido todavía más alegórico en lo que se refiere a la supervivencia y a la introversión como modo de vida. Denis Lavant aparece en un cameo para hacer esas cosas tan raras que hace. Esta producción francesa es la única estrenada este año que termina que no he visto en el cine.

 

Si llego a saber con antelación que los papeles principales los interpretaban Steve Coogan y John C Reilly hubiese dicho “que la vea el padre del director de casting”, y luego resulta que me parecía estar viendo a los auténticos Laurel y Hardy (yo los veía mucho de nene), cosas de la magia del cine. Aparte de eso un análisis de los años de decadencia de la pareja que se concreto en una agotadora gira por el Reino Unido en la que tratan de volver a conquistar al público.

Tuve con esta película la misma sensación que con la anterior de Almodóvar (hablo de “Julia”): termina cuando a mi entender empezaba lo verdaderamente interesantes de la historia, es curioso como el final de una película puede dejar esa sensación de que ha pasado muy poco tiempo desde que empezó y de que se desearía seguir viendo mucho más, prácticamente a mí eso ya no me pasa nunca, algunos dicen que es buena señal, a mí en cambio me produce una gran insatisfacción. Al margen de disquisiciones sobre el porcentaje de carácter autobiográfico del filme (que me parecen poco pertinentes) estamos ante una de las obras más celebradas (lejos queda ya el ridículo patinazo de “Los amantes pasajeros”) del cineasta español más importante desde Berlanga.

 

Después de revolucionar el castigado cine de género la temporada pasada con “Hereditary” (pude verla hace poco y me uno fervorosamente al coro de elogios) Ari Aster entregó este filme en el que se abunda en los postulados de su anterior obra:  la oposición entre el mundo racional de la civilización judeocristiana y la salvaje y aterradora liberación de las creencias paganas. La forma de narrar es muy diferente, aquí se abandona los extraordinarios recursos cinematográficos de “Hereditary” así como la compleja estructura argumental para ofrecer un relato lineal donde el significado de lo que se contempla y el desenlace que se aproxima resultan tan diáfanos como la deslumbrante luz solar bajo la cual tienen lugar casi todas las escenas de este viaje alucinante al origen del mundo, una película más de horror que de terror (soy incapaz de describir la diferencia entre estos dos términos pero sé que existe) que resulta muy deudora en fondo y forma a “The Wicker Man” (por descontado me refiero a la obra maestra de 1973, no a la mierda de Nicolas Cage).

La más distintiva cualidad de Quentin Tarantino es en mi opinión el hecho de que ha conseguido convertir en exito de público una serie de filmes de estructura y duración tan heterodoxos que hubiese condeado a cualquier otro cineasta a las miserias de la marginalidad. En esta ocasión Tarantino lleva al límite su amor por el cine y su mitomanía personal, pero el cine entendido no como un ejercicio de escapismo de la realidad sino como un estado de la consciencia donde dicha realidad puede ser transformada en un entorno perfecto ajeno a las contradicciones del vulgar mundo exterior.

Ya comentada en su día en estas mismas páginas.

 

Me ha parecido una especie de homenaje al Robert de Niro de los inicios de su carrera con Scorcese, un Poco Johnny Boy, un poco Travis Bickle y un poco Ruper Pupkin. Es un show de Joaquim Phoenix y debe entenderse así, cualquier otra consideración secundaria me parecer un error, es cierto que la película apunta en varias direcciones pero no llega a disparar contra ninguna. Esto no es algo nuevo, el propio Travis Bickle sigue siendo incluso hoy en día una especie de héroe para algunos, otros en cambio comprenden que se trata tan sólo de un pobre hombre.

También comentada aquí en su día aunque hay que hacer una salvedad. Yo la vi en el cine, esto es en un momento previo a su estreno en la plataforma Netflix y por tanto a su difusión masiva. La respuesta ha sido bastante más negativa de lo que esperaba, quizás se trata de un problema generacional.

Como en el caso anterior vi la película en una sala comercial antes de su estreno en Netflix, en este caso casi todo el mundo la considera como uno de los grandes títulos del año aunque la facción boyera (de Carlos) de crítica y público la han acusado de afectada y pedante, la misma facción que ha puesto por las nubes a la última obra de Scorcese ¿casualidad?.

Feliz año 2020.

 

 

 

 

 

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