Los Barones no apagan su gloria

Los Barones es la nueva banda de José Luis Campuzano ‘Sherpa’ y Hermés Calabria. 50% de Barón Rojo y seguramente los componentes de la formación original que gozan de una mayor simpatía por parte de los nostálgicos ya que, junto a la baronesa Carolina Cortés, firmaron algunas de las composiciones más imaginativas y emocionantes de su mítico cancionero. Con esos mimbres es fácil confeccionar un repertorio sólido, intenso y divertido. Y eso es justo lo que se pudo vivir durante su concierto el pasado sábado 19 de octubre en la madrileña sala But.

Sonaba la intro de Gustav Holst y en la pantalla de fondo se proyectaban imágenes de la Primera Guerra Mundial. Los más regazados se alejaban de la barra y se iban acercando al escenario. Muchas camisetas negras y cazadoras de cuero entre el público. Nadie quería perderse la primera canción de un concierto tan esperado y la escogida para abrir fuego fue ‘El malo’, toda una declaración de principios que podíamos encontrar en el disco Metalmorfosis (1983). Mientras aún se coreaba ‘Malo seré’ entre los asistentes sonaban los primeros acordes de ‘Barón Rojo’ entre una nube de teléfonos móviles que querían inmortalizar aquel momento. Del tema más antiguo pasaron al más moderno, al que refleja el momento actual de la banda, ‘Vive hoy’, que no por ser más reciente ha perdido esa esencia tan genuina de la conexión Sherpa – Carolina Cortés. De hecho, su hija Titania es la protagonista del videoclip que hace unos meses sirvió para presentar en sociedad a Los Barones.

Sherpa estaba feliz. Sonreía y con su habitual verbo fácil iba presentando unas canciones que parecían olvidadas y que, tres décadas después, están más de actualidad que nunca. Donald Trump se llevó un dardo antes de ‘Paraíso terrenal’, las interminables obras en el centro de Madrid en ‘Son como hormigas’ y ‘No ver, no hablar, no oír’ sería la banda sonora perfecta para ilustrar la falta de comunicación entre los ciudadanos y la clase política. Entre medias hubo una reivindicación para las canciones que no gozaron de demasiadas oportunidades en su momento, como ‘Por primera vez’ y ‘Mil años luz’, sin olvidarnos de dos clásicos coreados por un público enfervorecido: ‘Tierra de Nadie’ y ‘Breakthoven’. Mención especial para esta última canción que habría el disco ‘En un lugar de la marcha’ porque tanto Sergio Rivas como Marcelo Calabria, los dos guitarristas de Los Barones, demostraron su pericia a las cuerdas.

También subieron al escenario Pablo Castaño al saxofón y Alexis Hernández a los teclados, aportando aún más emotividad a los ya de por sí épicos ‘Hijos de Caín’ y ‘Concierto para ellos’. Rock de estadio que hizo viajar por el tiempo hasta aquellas mágicas noches de ‘sold out’ en el Pabellón de la ciudad deportiva del Real Madrid. Del coche gris y gordinflón de ‘Se escapa el tiempo’ se regresó al álbum debut de Barón Rojo con la instrumental ‘El barón vuela sobre Inglaterra’ y una enérgica interpretación de ‘Con botas sucias’, enlazada con la premonitoria ‘Campo de concentración’ antes de un más que merecido descanso que estuvo amenizado por los solos de guitarra del virtuoso Sergio Rivas.

Para terminar el concierto sorprendió la incursión en el repertorio de ‘Larga vida al Rock and Roll’ y ‘Cuerdas de acero’, sonando a banda compacta y con mucho músculo gracias a la magnífica aportación de Marcelo Calabria a las voces. Algo que muchos habrán podido comprobar en los discos publicados como Valdés. Y aunque en ‘Siempre estás allí’ dijeron una vez más que ‘No habrá final’, llegó un cierre que, no por previsible, dejó de ser celebrado: ‘Resistiré’ y ‘Los rockeros van al invierno’. Sherpa bromeó con su pecado original de ser ‘viejo y rockero’, como ya hizo anteriormente dando las gracias a ‘Los hijos de Caín’ que ya se habían convertido en ‘nietos de Caín’, pero es que las grandes canciones nunca mueren y pasan de una generación a otra. Como en la tradición de los cuentos y los trovadores. Por eso entre el público de la sala But podían verse también jóvenes que habrán crecido con esa colección de canciones sonando en el tocadiscos de su casa, o en el coche de sus padres cuando se iban de vacaciones. O simplemente que han tenido la curiosidad e inquietud necesarias para indagar sobre los orígenes del Rock en nuestro idioma e, inexorablemente, se encontraron con el legado de Barón Rojo. Da igual cómo, dónde y porqué. Lo importante es que todas las personas que acudieron a la llamada de Los Barones salieron de la sala más felices de lo que entraron. Con la misma sonrisa que tenían Hermés y Sherpa al hacerse la tradicional foto de espaldas al escenario. Una imagen con la que se bajó el telón de una noche en la que volvieron a doblar las campanas.

© Fotos: Misantropía, IG @clphoto90. Agradecimientos a Los Barones, Rock’n Rock y Laballo Comunicación.

 

  • Share post

Hola. Me llamo Leon Kompowsky y seguramente me recordaréis por mi aparición en uno de los capítulos más memorables de Los Simpson, ‘Mi papá está loco’, pero no estamos aquí para hablar de mí. O tal vez sí. Escribo sobre cine, música, cómics y lo que surja para hacerte los trayectos más entretenidos. Disfruta del viaje.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.