GOODBYE YELLOW BRICK ROAD

La tendencia actual de las películas biográficas parece dividirse entre el tradicional estilo de los seriales filmados en un único metraje con una elevada duración y que pretenden abarcar un amplio período en la vida del personaje en cuestión (“Bohemian Rhapsody” y  “Rocket Man” serían dos ejemplos muy recientes) y por otro lado aquellas otras que optan por capturar únicamente un momento breve pero determinante de dicha vida. “Judy” pertenecería a esta segunda tendencia.

Y ese breve espacio de tiempo capturado pertenece a la última gira de la mitológica cantante por los escenarios de Londres en los años 1968 y 1969 con el fin de recuperar su maltrecha economía y poder volver a hacerse cargo de sus dos hijos menores (una situación descrita al comienzo del filme a modo de prólogo). Llegados a este punto la película sigue los postulados de la típica historia de decadencia de una gran estrella acosada por la edad, el alcohol y las drogas y lo hace de una manera como hemos dicho canónica pero con un ritmo conciso (es una cinta de breve duración en comparación con otras de semejante temática) y emocionalmente contenido por más que en la última escena dicha contención se pierda de forma lamentable. La acción en este período de la vida de Judy se combina con escenas que ilustran la adolescencia de Judy  cuando empezaba su andadura hacia el estrellato y su vida era controlada de forma tiránica por una verdadera émula de la Bruja del Oeste y por el gran Mago de Oz Luis B. Mayer quienes aparte de matarla de hambre y sueño la iniciaron en el consumo de drogas legales, de hecho la escena con la que comienza la película es una sugerente lección de vida por parte de Mayer quien muestra a la artista en ciernes ese camino de baldosas amarillas que por muy esplendoroso que parezca acaba por no conducir a ninguna parte.

Como suele ocurrir en un biopic de estas características, sobre todo porque una de las dos únicas nominaciones de la película a los Premios Oscar lo es en la categoría de Mejor Actriz Principal, es inevitable hacer mención al trabajo de la interprete en cuestión que en este caso es Renee Zellweger, en un principio puede llamar la atención el que la conocida “increíble mujer sin ojos” de vida a un rostro tan característico como el de Garland en el que destacaban sus enormes y expresivos ojazos pero en una industria en la que Will Smith ha hecho de Mohammed Ali y Charlize Theron de Aileen Wuornos ya nada puede sorprender. Además lo adecuado o no de la elección de Zellweger para el papel no me parece lo más relevante de “Judy”, la historia de su vida en este período (y en casi cualquier otro que se hubiese elegido) resulta tan fascinadora que justifica por sí mismo la visión de esta película sin atender a esa clase de consideraciones.

 

  • Share post

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.