AZKENA 2019. DÍA 1.EL BAILE DE LA LANGOSTA.

EL FESTIVAL AZKENA ROCK DE VITORIA-GASTEIZ, ÁLAVA, LLEGA A SU DÉCIMO OCTAVA EDICIÓN CON UNA MAGNÍFICA ENTRADA Y UNOS CONCIERTOS ESPECTACULARES. TE CONTAMOS CÓMO VIVIMOS EL PRIMER DÍA CON LAS ACTUACIONES, ENTRE OTROS, DE DEADLAND RITUAL, STRAY CATS Y LOS MARAVILLOS B52’S, QUE HICIERON BAILAR A PROPIOS Y EXTRAÑOS CON SU “ROCK LOBSTER”. 

 

Cutre-fotos por Refrescospepito, excepto donde se indique.

azkenarockfestival.com

Sí, amigas, sí, somos “concierteras”, borrachuzas y pendencieras, algo que ya todas tenían que saber. En nuestro vagar por el territorio español buscando un festival que llevarnos a la boca, esta vez hemos ido a uno rockero de verdad. El AZKENA ROCK FESTIVAL (ARF), que se celebra cada año, a finales de junio, en el recinto del Mendizabala, a las afueras de Vitoria-Gasteiz, Álava.

vitoria-gasteiz.org

El certamen vasco está ya consolidado como un festival medio, dedicado al Rock sin etiquetas, donde su carácter recogido y especializado da lugar a que miles de fieles de todo el territorio nacional (y cuando decimos de todo el territorio, nos referimos a TODO; hasta de Canarias, esa galaxia tan tan lejana, van al ARF) peregrinen cada año a tierras vascas a pasar dos días oyendo buena música y desperdigándose por la magnifica ciudad alavesa, que guarda tantas o más lindezas que el propio festival.

Un buen inicio de un Azkena debe empezar el jueves. No es día de festival, pero ya cientos de “azkeneros y azkeneras” llegan a Vitoria, armados con sus mochilas y sus camisetas negras, a tomar  posesión de sus pensiones y ponerse la pulsera de entrada al recinto. Por la tarde noche es momento de tomar las viejas y bellas calles de Gasteiz y visitar sus docenas y docenas de bares, encontrarse con viejas amigas y amigos y ponerse como Las Grecas a base de “katxis” de cerveza (y de lo que no es cerveza); y te vas esa noche a la pensión, si la encuentras, pensando en que todavía te quedan dos días de festival y ya vas más “high” que Jimi Hendrix en un globo aerostático.

Un katxi, verdadero protagonista del Festival. Foto: Clor.

 

El viernes desayunamos donde Dio nos dio a entender, otra vuelta por Vitoria y, a la hora del vermut, es obligado acercarse al escenario que todos los años la dirección del festival habilita en la plaza de la Virgen Blanca, en el centro de la ciudad, donde se celebran estupendos conciertos gratis que no hay que perderse por nada del mundo. Terminados los bolos en la Virgen Blanca, comer en algunos de los muchos excelentes restaurantes de la ciudad y, luego, si procede, siestecita y a iniciar la marcha hasta el recinto de la montaña del Mendizabala, a una media hora caminando desde el centro.

 

El Festival se abre con ya bastante gente. Bajo el buen sol vitoriano, se dispone un amplio y acogedor espacio al aire libre con varios escenarios de diferentes tamaños, abundantes zonas verdes para descansar y muchos puntos de comida y bebida, así como una gran cantidad de baños públicos (siempre limpios, ¡y con rollos de papel higiénico!). Un poco más apartado de los escenarios, se disponían dos grandes casetas cubiertas llamadas Trashville: en una, Trash A Go-Go, se celebraban combates de lucha libre mexicana (todo un espectáculo); y en la otra caseta, llamada Rat Hole, que imitaba a un viejo bar de madera del sur de los Estados Unidos, se podían escuchar conciertos en vivo de pequeño formato.

Ya con nuestros “katxis” en la mano, el primer concierto del que disfrutamos fue el de Surfbort, en el escenario Respect. Cuarteto punk de Brooklyn, Nueva York, liderados por una joven extraña cantante, Dani Miller, acompañada de tres viejunos a sus instrumentos. Banda cañera y escandalosa, que no supuso un mal principio, pese al aspecto desagradable de la líder. Sin terminar de ver a Surfbort (ya tuvimos bastante con media hora), fuimos corriendo al Rat Hole, el local a imitación de un bar de madera americano, a disfrutar de la actuación de Dollar Bill And His One Man Band. El nombre lo dice todo, un señor vestido con tirantes y gorra, como usaban los pillos y gente del hampa a principios del siglo XX en EE.UU., que tocaba la guitarra, la batería, y armónica y cantaba… ¡todo a la vez! Verlo interpretar clásicos del blues, bluegrass y Rock’n’Roll, mientras el buen hombre daba largos tragos a su vino recalentado, era todo un espectáculo.

Dollar Bill.

  The Living End, en el escenario God, banda australiana de punk y rockabilly, con contrabajo y todo, que ofrecieron los primeros bailes alocados del respetable. Al propio Lee Rocker, bajista de Stray Cats, pudimos ver entre bambalinas, disfrutando del bolo de los de Melbourne los cuales, sin lugar a dudas, tienen una gran influencia de los Cats.

The Living End

Cuando terminaron The Living End, en el escenario de enfrente, el Respect, sonaron los mágicos acordes de “Sympton of the universe” de Black Sabbath, y fuimos corriendo pues no queríamos perdernos la actuación más memorable del día, la de Deadland Ritual, supergrupo formado por Geezer Butler (Black Sabbath) al bajo, Steve Stevens (Billy Idol) a la guitarra, Matt Sorum (Guns’N’Roses) a la batería y el joven cubano Franky Pérez a la voz. Oír de manos de estos señores clásicos de Sabbath, Idol (y también temas propios, claro), bien defendidos por el asombroso frontman rompe-bragas de Pérez, nos hizo soltar lágrimas de emoción.

Geezer Butler, la leyenda de Black Sabbath, tocando con Deadland Ritual.

Había que serenarse un poco, pues el principio del festival fue demasiado meteórico (esas ansias…), así que nos pedimos un “katchi” y cogimos sitio para las estrellas del día: Stray Cats. El trío de Nueva York, referente del “revival” del rockabilly en los años 80, hacía más de veinte años que ni se hablaban y, para celebrar el cuadragésimo aniversario del nacimiento de la banda, decidieron hacer las peces y embarcarse en un gira por todo el mundo cuya primera parada era, precisamente, el Azkena Rock. A Brian Setzer, guitarra; Lee Rocker, contrabajo y Slim Jim Phantom, batería, se les notaba algo nerviosos y con alguna falta de coordinación en el espectacular escenario gigante del God, pero pronto se pusieron en línea, se empastaron y pudimos disfrutar de un concierto divertido y bailable donde no faltaron los clasicazos del grupo: Runaway Boys, Rock This Town o She’s Sexy + 17. Una fiesta.

Stray Cats

Hora de echarse algo de comer al cuerpo, así que fuimos a uno de los muchos puntos de abastecimiento repartidos por todo el recinto (hay puestos de comida vegana, algo que agradecemos enormemente), tomar otro “katchi” e ir a disfurtar del concierto de los BlackBerry Smoke. La banda de Atlanta, Georgia, EE.UU. trajo su dulce y elaborado rock sureño peludo y barbón, donde no faltó algún recuerdo y citas a clásicos del Rock, como a Los Beatles y su “Come together”.

Y ya más que puestos, al escenario grande otra vez a bailar como demonios en el averno con la brillante actuación de B52’S. Vale, Cindy Wilson y Kate Pierson ya no son aquellas ardorosas jovenzuelas y Fred Schneider parece una vieja tortuga, sí, ¡Y QUÉ! El tiempo pasa para todas, nena, y los B52 se formaron hace 40 años y, para esas edades que van teniendo, sobre los 60, están en una forma envidiable. Conservando fuerza, voz y ganas de divertirse, la chicas portaban esos imposibles tocados capilares que las hicieron famosas y Fred sigue haciendo el payaso a sus anchas. Canciones como Planet Claire (con una Kate absolutamente fabulosa de voz), Mesopotamia, B52 Girls (qué locura de interpretación, madre mía, se me erizaron los pelos de los huevos con esa guitarra que parecía que el mismísimo Ricky Wilson (R.I.P.) estaba ahí) , My Own Private Idaho, Rock Lobster, por supuesto, y, cómo no, esos grandes himnos de finales de los 80/ principios de los 90, “Roam” y “Love Shack”, hicieron callar a los lenguaraces y nos obligaron a bailar como unos descosidos.

elmundo.es

Tras la actuación de B52’S, con la cadera rota y el fémur dislocado, ya no estábamos para más gaitas, así que el último katxi, el último bailoteo en la carpa y andando, como muertos vivientes, al hostal, en plena madrugada y con un frío que pela: es el norte, nena.

 

 

 

 

 

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El hetero rockero que no puede faltar en ninguna web gafapasta.

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